Este primer articulo es una introducción .

Los dos aspectos más importantes a tener en cuenta son: la base sobre la que se ha pintado y con qué tipo de pintura se ha hecho.
Hemos de seleccionar con especial cuidado el tipo de limpiador con el que atacaremos la pintada , de la correcta selección dependerá que deterioremos o no la superficie a limpiar.
Hemos de saber con exactitud si es un material resistente a determinados ácidos (por ejemplo el granito), o por el contrario es muy sensible a ellos (la inmensa mayoría de los mármoles).
El tipo de material del soporte, determinará el grado de porosidad y por lo tanto el nivel de penetración de la pintura.
Dependerá no solo de la clase de material del que se trate, si no fundamentalmente del acabado de la superficie: en una fachada de granito pulido la pintura penetrará mucho menos que en el caso del mismo material en acabado abujardado o flameado.
Otro factor a tener en cuenta, es el tiempo que ha pasado desde que agredieron la fachada hasta que iniciamos la limpieza de esta.
En muchos casos nos encontramos que una vez eliminada la pintura, nos queda la sombra, y para limpiarla hemos de utilizar un producto especifico para la eliminación de las mismas, siendo necesario en algunos casos (sobre todo en superficies con un alto contenido en sílice), utilizar un producto para abrir previamente el poro.
Siempre, antes de aplicar el tratamiento que hayamos elegido, hemos de hacer una pequeña prueba.